Al parecer, hay gente que decide seguir las enseñanzas de Lynch.
Pero no de David Lynch, lo que sería sin dudas un poco más sano.
No. Las enseñanzas de algún Lynch epónimo, que habrá dado origen al acto de juicio y castigo público que elige ser rápido, violento y arbitrario.
¿Por qué? Tal vez haya gente que está cansada de... bueno, no. No hay cansancio tan grande que justifique que una turba mate a un solo individuo. Ni a dos, ni a ocho, ni a veinte.
Tal vez sea porque hay Estados que no cumplen con lo que... y... no. No suena creíble que porque un Estado tenga tal o cual defecto haya que salir a repartir lecciones de criminología aplicada.
Tal vez sea el clima, la temperatura que afecta a... las... este... Parece que no. En Buenos Aires no varió tanto tanto el tiempo estos últimos días.
Bueno, vamos. Será una cuestión de discurso. Hay en el aire siete u ocho frases que se transmiten por altoparlantes en cada esquina, en cada puesto de diarios, en cada bar, en cada butaca de acompañante de los taxis, en cada radio am. Y hay personas que las adoptan como si fueran La Verdad Revelada (porque todavía creen en La Verdad Revelada). Adoptan las frases hechas, los lugares comunes, los dichos que todos sabemos y que cada tanto se nos repiten solos en la cabeza. Frases hechas que sacan su fuerza de la repetición con la que son dichas y de la pereza del que las dice, que no se preocupa por estirarse un poquito a ver si son tan ciertas como parecen.
Y sí, los linchamientos deben ser producto de la pereza mental. Todo está en el lugar que tiene que estar; las palabras significan lo mismo de siempre; la gente camina siempre por la misma calle; al que madruga dios lo ayuda; si hoy te roban, mañana te matan; les cortás las manos y no roban más. Me convence esta explicación. El que lincha no es un resentido: es un perezoso, un vago, que necesita confirmar lo que ya sabe y que su mundo siga igual de ordenado que siempre; si para eso debe recurrir a la violencia, bueno, pues allá va.
¿Y qué hace uno cuando lo único que tiene a mano son las palabras?
¿Y qué hace uno que trata de no ser tan displicente y quiere jugar un poco con las palabras?
Se me ocurre, a ver qué les parece, romperlas un poco, buscar las sillas con las patas rotas, la palabra fuera de lugar. Pongamos por caso:
Un puente decide suicidarse y se tira
desde lo más alto de un hombre.
o
Una cabeza se apura para llegar a su
cita con una maceta que cae desde un cuarto piso.
o
Un hombre solitario cae muerto en
medio de su habitación. Como nadie lo ha visto morir, se pone de pie, se sacude
el polvo de la ropa y sale a la calle.
o
Una mujer decide escribir su
biografía. Relata su vida hasta el momento en que decide escribir su biografía
y relata que escribe su biografía hasta el momento en que decide escribir su
biografía y relata que escribe su biografía hasta el momento en que decide escribir en su biografía y relata que escribe su biografía hasta el momento en que decide…
o
Por la mañana, un hombre despierta en
su casa. Comprueba que removieron sus muebles, donaron su ropa, repartieron sus
libros y cuando pronuncian su nombre no se refieren a él. Por la tarde entiende
que se ha vuelto un fantasma. Se retira en silencio antes de que se ponga el
sol.
o
Una casa decide que no le conviene
continuar abandonada. Limpia su jardín, arregla su tejado, limpia su fachada,
expulsa a los fantasmas, pinta sus paredes y remueve el polvo, prepara café y
se sienta sobre sus cimientos a esperar.
o
Una araña es imprudente. Teje su tela
demasiado cerca de las moscas. Quizás atrape alguna y no sepa qué hacer con
ella.
o
Un piano se cansa de su dueño y
aumenta medio tono todas sus cuartas.
o
Buscando un remedio al óxido, una
máquina de escribir abandonada trabaja sobre la última novela que escribieron
en ella. Elimina adverbios, deshecha adjetivos, recorta pasajes redundantes, se
detiene en descripciones incompletas. Al finalizar, lee el trabajo, pero aún no
se convence. Vuelve a empezar.
¡Qué sé yo!
Tal vez si la gente jugara con las palabras un poco más, si se deseara lo por venir, los viajes y lo extraño, aparecerían ideas nuevas, otras imágenes.
De lo que estoy seguro, es de que mientras escribía esto, en las cercanías no murió nadie.
Creo.
Pablo.
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