Cada tanto, algunos días se hacen más presentes que otros. Se hinchan de sucesos, de acontecimientos, de imágenes que parecía que no se iban a volver a repetir y sin embargo, acá están de vuelta. De gente que no pensábamos volver a ver y aparece por la ventana saludando con la mano en alto. Y se me da por pensar en el tiempo, no en el grande en el que piensan los que saben pensar con método. En el otro, cotidiano y pedestre, que todos vemos pasar; en ese tiempo que no se mide por relojes ni por segmentos mensurables. ¿Lo han vivido? Un diente nuevo que le sale a un bebé; la foto de alguien que usa una campera igualita a la que teníamos nosotros y que ahora nos parece de dos décadas atrás; la plaza de un pueblo que alguna vez visitamos y que hoy vemos llena de gente; un recorte de diario que encontramos en el fondo de un cajón y que no sabemos por qué conservamos. Ése tiempo.
Miles de
banderas
blancas, rojas,
azules
verdes y
amarillas
en las calles
cuelgan de las
ventanas
y de los
semáforos
flamean
y despiden al
tiempo
que se va
discursos y
papel picado
bandas de música
y un desfile
que atraviesa la
ciudad
de oeste a este
para anunciar
que el tiempo
se prepara para
cruzar el río
y ya no volver
jamás
coros de niños
y de ancianos
cantan al tiempo
y él, saluda con
la mano
subido al barco
y dice
“adiós
ya no vuelvo
adiós”
mujeres
voluptuosas
agitan sus
pañuelos
y hombres de
ceño fruncido
asienten
resignados
con el sol de
media tarde
que ilumina sus
espaldas
el capitán del
barco
orgulloso
conduce al
tiempo
al otro lado del
río
y le pide una
foto,
de recuerdo,
del tiempo ido
y cuando el
barco zarpa
los gobernantes
y los edecanes
anuncian que ya
no hay tiempo
que se terminó
lo que se daba
y ya no se dará
más
aunque lloren
los relojeros
ya no hay vuelta
atrás
que desde ahora
no hay tiempo
y ya no hay ahora
y tampoco ya que valga
todos presentes
las banderas siguen
flameando
los niños y los
ancianos
cantando
las mujeres
agitando
y los hombres
asintiendo
el sol
iluminando
y los
gobernantes y los edecanes
anunciando
y los relojeros
llorando
para siempre
todos presentes
Pablo Minini (digamos que en marzo de 2014)
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