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sábado, 22 de marzo de 2014

Al tiempo

Cada tanto, algunos días se hacen más presentes que otros. Se hinchan de sucesos, de acontecimientos, de imágenes que parecía que no se iban a volver a repetir y sin embargo, acá están de vuelta. De gente que no pensábamos volver a ver y aparece por la ventana saludando con la mano en alto. Y se me da por pensar en el tiempo, no en el grande en el que piensan los que saben pensar con método. En el otro, cotidiano y pedestre, que todos vemos pasar; en ese tiempo que no se mide por relojes ni por segmentos mensurables. ¿Lo han vivido? Un diente nuevo que le sale a un bebé; la foto de alguien que usa una campera igualita a la que teníamos nosotros y que ahora nos parece de dos décadas atrás; la plaza de un pueblo que alguna vez visitamos y que hoy vemos llena de gente; un recorte de diario que encontramos en el fondo de un cajón y que no sabemos por qué conservamos. Ése tiempo. 


Miles de banderas
blancas, rojas, azules
verdes y amarillas
en las calles
cuelgan de las ventanas
y de los semáforos
flamean
y despiden al tiempo
que se va

discursos y papel picado
bandas de música
y un desfile
que atraviesa la ciudad
de oeste a este
para anunciar que el tiempo
se prepara para cruzar el río
y ya no volver jamás

coros de niños
y de ancianos
cantan al tiempo
y él, saluda con la mano
subido al barco
y dice
“adiós
ya no vuelvo
adiós”

mujeres voluptuosas
agitan sus pañuelos
y hombres de ceño fruncido
asienten resignados
con el sol de media tarde
que ilumina sus espaldas

el capitán del barco
orgulloso
conduce al tiempo
al otro lado del río
y le pide una foto,
de recuerdo,
del tiempo ido

y cuando el barco zarpa
los gobernantes y los edecanes
anuncian que ya no hay tiempo
que se terminó lo que se daba
y ya no se dará más
aunque lloren los relojeros
ya no hay vuelta atrás
que desde ahora no hay tiempo
y ya no hay ahora
y tampoco ya que valga

todos presentes

las banderas siguen flameando
los niños y los ancianos
cantando
las mujeres agitando
y los hombres asintiendo
el sol iluminando
y los gobernantes y los edecanes
anunciando
y los relojeros llorando

para siempre


todos presentes

Pablo Minini (digamos que en marzo de 2014)

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