Hoy tengo ganas de compartir una voz que es mía y a la vez, no. Porque me habita y la habito. Digamos, que si esta voz estuviera acompañada de un nombre, bien podría ser Camila. Y siendo Camila, dice cosas a tono con las que se están armando acá y que a ella le salen como una especie de grito. Porque a Camila un hombre le dice algo que le pega en la cara, como si fuera una cachetada, pero que le duele hasta el hueso. Es largo, pero tiene la extensión de un grito; dura todo lo que dura el aire en sus pulmones
Podés decirlo.
Creo que sí. Que podés decirlo y
pensarlo.
¿Qué importa si yo lo comparto o si no?
Es tu forma de pensar.
Me hacés dudar, aunque casi te diría que
no. Pero sólo si me preguntás.
Y yo no te creo, no creo que lo digas en
serio, ¿por qué? porque no es pensando en mí que lo decís, porque no es verdad,
no podés creer que sea verdad, no, no es fácil ser mujer, ¿por qué tendría que
serlo? ¿por qué tendría que ser fácil o difícil ser mujer o ser hombre? porque
lo decís mirándome y no a los ojos, porque lo querés hacer sonar fácil, pero
no, porque si es así, decime vos cómo es, porque yo no tengo idea, y si es más
fácil o mejor, no me di cuenta, o no todo el tiempo, a veces es fácil y a veces
no, a veces ni te das cuenta de que sos mujer, ni me doy cuenta de que soy
mujer, y otras veces sí, no puedo no pensar que soy mujer, y otras veces no sé
lo que soy, como ahora que me mirás con cara de saber algo que yo no sé y como
si fueras a explicármelo, por favor, a ver, explicame, pero no con esa cara de tipo
que mira un mueble, o a un extranjero, esa cara de avivado superado, y por
favor no me mires las tetas ni el culo cuando lo decís, como si me fueras a
alquilar, como si vieras un cartel o un grabado a fuego en mi frente, porque
entonces no sé si es más fácil ser mujer, porque entonces creo que es muy
difícil ser mujer, es muy difícil ser mujer si mirás con esos ojos, y si me
hablás como si sólo tuviera que escucharte, porque así me siento nada, ni mujer
ni nada, una nada frente a vos, una circunstancia para que hables, para que
digas lo que sabés y que yo tengo que escuchar como si no pudiera hacer otra
cosa, como si ser mujer fuera sólo escucharte a vos y a cualquiera que dice que
es hombre hablar sobre las mujeres y asentir, sí, asentir, vaivén de cabeza,
cabeceo ambiguo, como si todo lo que hiciera para vos fuera un signo, un
aceptar o un renegar, un sí o un no, y si es un no, agarrate, ¿sabés qué? a
veces no es ni un sí ni un no, a veces es una pregunta, y ni siquiera, algo que
no me puedo formular, algo que no tiene nombre ni palabras para ser dicho, algo
que vas más allá de mí y que no puedo formular, ¿qué es ser mujer? ¿qué quiera
acostarme con un tipo? ¿acostarme con vos? ¿y si no quiero? ni hoy ni nunca, ¿y
si no busco que me protejan ni que me cuiden ni que me entiendan? ¿ni que me
entiendas? porque no quiero lo mismo todo el tiempo, ¿o vos querés lo mismo
todo el tiempo? yo no, y si vos querés lo mismo todo el tiempo, ojalá yo
pudiera ser vos, porque yo no sé qué es lo que quiero, no sé hacia dónde tengo
que salir corriendo, fijate vos, ya salió el correr, pero sí, salir corriendo,
porque tengo que salir corriendo, siento eso, y vos debés sentir lo mismo, y no
sos mujer, y si no lo sentís qué suerte la tuya, pero yo no la comparto, yo
siento que tengo que correr todo el tiempo, y no sé si soy mujer o si soy
hombre antes de dar el paso, siento que tengo que correr y dejarme correr, y
correr corren los hombres y las mujeres, una mujer corre y un hombre corre, es
lo mismo, ¿ves?, y no, y no es lo mismo, pero ahí estás vos diciendo que es más
fácil ser mujer, con esa mirada de vaca, sí, vaca, porque el toro no mira,
arremete, y si duda no te das cuenta, así que andá a contarle a otra persona si
es más fácil ser mujer, o preguntátelo vos mismo, mirate al espejo un rato y
decítelo vos, hasta que te lo creas, hasta que te lo metas bien en la cabeza,
grabátelo, bien adentro, así no se te olvida, ¿y por qué tengo que decirte todo
esto? ¿por qué tengo que perder mi tiempo en responderte a vos, que sólo estás esperando
que me de vuelta para verme tranquilo, sin mi voz ni mis ojos que te miran
directo a la cara, para poder hablarle a tus amigos y decirles esas estupideces
que vos les decís cuando las mujeres te dejan de mirar a los ojos, porque ésa
es la verdad, te dan miedo mis ojos, porque te hacen acordar a quién sabe
quién, te dan miedo y no querés, por eso decís lo que decís, por eso decís que
es más fácil ser mujer, porque pensás que siendo mujer podés dar miedo y no
sentirlo, pero no es así, te desengaño, porque yo también siento miedo, y algo
en el pecho que me dice que todo va a terminar siempre mal cuando me mirás y me
hablás, como si supieras algo que yo no sé, pero no es miedo, no, es
aburrimiento, miedo al aburrimiento, a que me maten de aburrimiento, vos y
todos los que saben, los que saben y dicen en voz alta lo que saben aunque
nadie se los haya preguntado, pero el temor no me dura todo el tiempo, nada
dura todo el tiempo, a menos que seas un cretino arrogante, nada dura todo el
tiempo, ni ser mujer, ni ser hombre, ni ser nada, ni tener un cuerpo dura todo
el tiempo, porque a veces tengo un cuerpo que hace ruido en todo momento, y que
me duele por todas partes, sí, por todas partes, y a veces no, a veces no me
duele nada, y está en silencio, tan en silencio que tengo que largarme a
correr, otra vez correr, sí, correr para no olvidarme de que estoy viva, y no
por miedo, correr para saber que el cuerpo está y no se me oxida, que no es un
montón de grasa y carne y piel y uñas que se me oxidan, se me empastan, y
entonces me largo, porque a veces sí lo siento, y bien que lo siento, pero eso
a vos no te importa, lo único que te interesa es que te mire y te reconozca a
vos como lo que querés que te digan que sos, y que te tranquilice y te diga que
todo va a estar bien y que no tenés que tener miedo, y que sobre todo no te
mire mal, que no te mire mal ni demasiado, porque los ojos y las miradas son tu
patrimonio, pero cuidado si yo miro mucho, que no me la crea, que hay quien
mira y quien se deja mirar, y el que mira no se deja mirar, eso ya tendría que
saberlo, bueno, no lo sé, no me lo enseñaron, y si me lo enseñaron, no lo
acepto, porque no quiero ser lo que se mira todo el tiempo, ahora quiero ser yo
la que mira, ¡bailá para mí! ¡hace tu gracia para mí! para mí sola, que voy a
estar mirando hasta que me aburra y hasta que los ojos hayan comido lo
suficiente, sí, a vos te voy a comer con los ojos, a vos y a todo lo que tenga
ganas de comer, ¿o no puedo tener hambre yo? ¿o no puedo irme por los ojos? ¿o
por que a vos te molesta y te duele que te mire así como miro yo tengo que
guardarme los ojos en mi mesita de luz, al lado de las flores secas que seguro
creés que tengo guardadas, junto a las cartas de mis novios que me sedujeron y
me abandonaron?, pero no, no tengo ni flores ni cartas ni novios que me hayan
abandonado, y tampoco abandoné a ninguno, se fueron o me fui, y así es siempre,
nadie abandona, se va y listo, ¿por qué la manía de andar buscando culpables? Y
miro como miro, como me sale mirar, y digo lo que sale. Pero si lo pensara
mejor quizá no lo diría, porque no conviene.
Porque sería como andar con el corazón en
la mano.
Y eso no es lo mejor que se puede hacer.
Frente a un tipo como vos.
Sí.
Como vos.
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