Todos los hombres eligen el camino que recorren.
Es el título de una canción de Archie Roach, que muchos conocerán por
ser banda de sonido de la película El Rastro.
ser banda de sonido de la película El Rastro.
Y si ampliamos el título a todo género, suena aún más a declaración de
principios:
principios:
Todos los hombres y todas las
mujeres eligen el camino que recorren.
mujeres eligen el camino que recorren.
Si uno lo dice en voz alta –hay que hacer la prueba– suena a verdad. Intenté
varias entonaciones y el resultado era el mismo siempre: una verdad que no
admite matices, una verdad que abarca a todos los que se refiere (hombres y
mujeres), una verdad de peso, una verdad que además suena bien.
varias entonaciones y el resultado era el mismo siempre: una verdad que no
admite matices, una verdad que abarca a todos los que se refiere (hombres y
mujeres), una verdad de peso, una verdad que además suena bien.
¿Por qué me encontré con esta canción justo ahora? Como no creo en las
casualidades, me pongo a pensar un rato y me doy cuenta de que esa frase podría
haber sido el tema de muchas conversaciones que mantuve en el último tiempo.
Con distintas personas, que para mayor misterio, no se conocen entre sí.
casualidades, me pongo a pensar un rato y me doy cuenta de que esa frase podría
haber sido el tema de muchas conversaciones que mantuve en el último tiempo.
Con distintas personas, que para mayor misterio, no se conocen entre sí.
¿Hipótesis? Que esa idea está en el aire, al menos entre la gente con
la que me muevo. Que las elecciones, los caminos, los hombres y las mujeres,
andan rondando el aire y las cabezas de las personas que dicen todos elegimos el camino que recorremos
y lo repiten.
la que me muevo. Que las elecciones, los caminos, los hombres y las mujeres,
andan rondando el aire y las cabezas de las personas que dicen todos elegimos el camino que recorremos
y lo repiten.
No seré el único que ha escuchado esa frase. ¿Qué significa? Tal vez,
una afirmación de la personalidad, de la historia propia y de las decisiones en
la vida. El todos quizá significa yo: yo
elijo el camino que recorro. Mucho ha dicho el cristianismo (el libre
albedrío y demás, que por otro lado justifica las penas y los castigos, incomprensibles
de otra forma).
una afirmación de la personalidad, de la historia propia y de las decisiones en
la vida. El todos quizá significa yo: yo
elijo el camino que recorro. Mucho ha dicho el cristianismo (el libre
albedrío y demás, que por otro lado justifica las penas y los castigos, incomprensibles
de otra forma).
Y de pronto, como me atrapan siempre las imágenes, me vino a la memoria
el Viejo de los Papelitos. Yo lo
llamaba así, era viejo (muy muy viejo, para mis ocho años) y vivía en la estación
de trenes de mi pueblo. Y lo recordé
como lo vi siempre: sentado en las veredas, con la espalda apoyada en la pared
de una casa o un negocio; sin importarle nada de nadie, sólo concentrado en los
montones de papeles que juntaba a su alrededor. ¿Para qué? Para cortarlos con
las manos en pequeños trocitos. Papeles de diarios, papeles de regalos viejos,
papeles de volantes de la vía pública, todo papel era útil si se podía cortar
con las manos.
el Viejo de los Papelitos. Yo lo
llamaba así, era viejo (muy muy viejo, para mis ocho años) y vivía en la estación
de trenes de mi pueblo. Y lo recordé
como lo vi siempre: sentado en las veredas, con la espalda apoyada en la pared
de una casa o un negocio; sin importarle nada de nadie, sólo concentrado en los
montones de papeles que juntaba a su alrededor. ¿Para qué? Para cortarlos con
las manos en pequeños trocitos. Papeles de diarios, papeles de regalos viejos,
papeles de volantes de la vía pública, todo papel era útil si se podía cortar
con las manos.
Verlo por la mañana era saber que todo estaba en su lugar: la calle, la
estación, el Viejo de los Papelitos, todo en orden. Pero sólo por las mañanas.
Jamás lo vi después de las seis de la tarde. Nunca hablaba con nadie.
estación, el Viejo de los Papelitos, todo en orden. Pero sólo por las mañanas.
Jamás lo vi después de las seis de la tarde. Nunca hablaba con nadie.
El Viejo era la muestra viviente de que la frase, tan cerrada y
absoluta y verdadera, tenía ribetes. Como si él dijera Bueno, todos elegimos el camino que recorremos, pero yo elijo no
recorrer ningún camino.
absoluta y verdadera, tenía ribetes. Como si él dijera Bueno, todos elegimos el camino que recorremos, pero yo elijo no
recorrer ningún camino.
Y nosotros, que íbamos y veníamos, que estábamos caminando o corriendo
o de rodillas hacia los horarios, los trabajos, las escuelas, las citas,
pasábamos por la estación y ahí estaba el Viejo, que no por viejo era menos
intemporal, cortando papelitos. Creo que hubiera cortado un billete de un
millón si lo hubiera tenido a mano, porque a él le valían más los trocitos de
papel que el papel entero, aún que el papel de banco.
o de rodillas hacia los horarios, los trabajos, las escuelas, las citas,
pasábamos por la estación y ahí estaba el Viejo, que no por viejo era menos
intemporal, cortando papelitos. Creo que hubiera cortado un billete de un
millón si lo hubiera tenido a mano, porque a él le valían más los trocitos de
papel que el papel entero, aún que el papel de banco.
Y ahora que lo pienso, ya que rompía con toda tranquilidad los diarios,
¿no hubiera destrozado también las páginas de un libro, papeles al fin y al
cabo? Una lástima para mí, pero sí, lo hubiera hecho.
¿no hubiera destrozado también las páginas de un libro, papeles al fin y al
cabo? Una lástima para mí, pero sí, lo hubiera hecho.
Un día el Viejo de los Papelitos desapareció. No supe, creo que nadie
supo, hacia dónde encaró el rumbo, ni si fue él mismo el que decidió arrancar a
caminar o si fueron las circunstancias. Nunca crucé una palabra con él, lo
repito, pero fue la primera persona que me enseñó con su sola presencia que el
tiempo era relativo, que el tiempo de unos no era el tiempo de todos, Y que
caminos había muchos, aunque sólo fueran largos como un pedacito de papel.
supo, hacia dónde encaró el rumbo, ni si fue él mismo el que decidió arrancar a
caminar o si fueron las circunstancias. Nunca crucé una palabra con él, lo
repito, pero fue la primera persona que me enseñó con su sola presencia que el
tiempo era relativo, que el tiempo de unos no era el tiempo de todos, Y que
caminos había muchos, aunque sólo fueran largos como un pedacito de papel.
Habrá seguido el destino que nos espera a todos, es lo más lógico. Pero
prefiero pensar que en él se hizo una excepción, que se convirtió en una idea,
o la imagen de una idea, y que anda por ahí, dando vueltas quién sabe por qué
cabezas que todavía lo recuerdan.
prefiero pensar que en él se hizo una excepción, que se convirtió en una idea,
o la imagen de una idea, y que anda por ahí, dando vueltas quién sabe por qué
cabezas que todavía lo recuerdan.
Entonces, esta entrada comenzó con Archie Roach y me dejé ir y hasta él llegamos
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