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martes, 1 de abril de 2014

Linchamientos y Micro relatos

Al parecer, hay gente que decide seguir las enseñanzas de Lynch.


Pero no de David Lynch, lo que sería sin dudas un poco más sano. 

No. Las enseñanzas de algún Lynch epónimo, que habrá dado origen al acto de juicio y castigo público que elige ser rápido, violento y arbitrario. 

¿Por qué? Tal vez haya gente que está cansada de... bueno, no. No hay cansancio tan grande que justifique que una turba mate a un solo individuo. Ni a dos, ni a ocho, ni a veinte. 

Tal vez sea porque hay Estados que no cumplen con lo que... y... no. No suena creíble que porque un Estado tenga tal o cual defecto haya que salir a repartir lecciones de criminología aplicada. 

Tal vez sea el clima, la temperatura que afecta a... las... este... Parece que no. En Buenos Aires no varió tanto tanto el tiempo estos últimos días. 

Bueno, vamos. Será una cuestión de discurso. Hay en el aire siete u ocho frases que se transmiten por altoparlantes en cada esquina, en cada puesto de diarios, en cada bar, en cada butaca de acompañante de los taxis, en cada radio am. Y hay personas que las adoptan como si fueran La Verdad Revelada (porque todavía creen en La Verdad Revelada). Adoptan las frases hechas, los lugares comunes, los dichos que todos sabemos y que cada tanto se nos repiten solos en la cabeza. Frases hechas que sacan su fuerza de la repetición con la que son dichas y de la pereza del que las dice, que no se preocupa por estirarse un poquito a ver si son tan ciertas como parecen. 

Y sí, los linchamientos deben ser producto de la pereza mental. Todo está en el lugar que tiene que estar; las palabras significan lo mismo de siempre; la gente camina siempre por la misma calle; al que madruga dios lo ayuda; si hoy te roban, mañana te matan; les cortás las manos y no roban más. Me convence esta explicación. El que lincha no es un resentido: es un perezoso, un vago, que necesita confirmar lo que ya sabe y que su mundo siga igual de ordenado que siempre; si para eso debe recurrir a la violencia, bueno, pues allá va. 

¿Y qué hace uno cuando lo único que tiene a mano son las palabras?
¿Y qué hace uno que trata de no ser tan displicente y quiere jugar un poco con las palabras?
Se me ocurre, a ver qué les parece, romperlas un poco, buscar las sillas con las patas rotas, la palabra fuera de lugar. Pongamos por caso:

Un puente decide suicidarse y se tira desde lo más alto de un hombre.

o

Una cabeza se apura para llegar a su cita con una maceta que cae desde un cuarto piso.

o

Un hombre solitario cae muerto en medio de su habitación. Como nadie lo ha visto morir, se pone de pie, se sacude el polvo de la ropa y sale a la calle. 

o

Una mujer decide escribir su biografía. Relata su vida hasta el momento en que decide escribir su biografía y relata que escribe su biografía hasta el momento en que decide escribir su biografía y relata que escribe su biografía hasta el momento en que decide escribir en su biografía y relata que escribe su biografía hasta el momento en que decide…

o

Por la mañana, un hombre despierta en su casa. Comprueba que removieron sus muebles, donaron su ropa, repartieron sus libros y cuando pronuncian su nombre no se refieren a él. Por la tarde entiende que se ha vuelto un fantasma. Se retira en silencio antes de que se ponga el sol.

o

Una casa decide que no le conviene continuar abandonada. Limpia su jardín, arregla su tejado, limpia su fachada, expulsa a los fantasmas, pinta sus paredes y remueve el polvo, prepara café y se sienta sobre sus cimientos a esperar.

o

Una araña es imprudente. Teje su tela demasiado cerca de las moscas. Quizás atrape alguna y no sepa qué hacer con ella.

o

Un piano se cansa de su dueño y aumenta medio tono todas sus cuartas. 

o

Buscando un remedio al óxido, una máquina de escribir abandonada trabaja sobre la última novela que escribieron en ella. Elimina adverbios, deshecha adjetivos, recorta pasajes redundantes, se detiene en descripciones incompletas. Al finalizar, lee el trabajo, pero aún no se convence. Vuelve a empezar.

¡Qué sé yo! 
Tal vez si la gente jugara con las palabras un poco más, si se deseara lo por venir, los viajes y lo extraño, aparecerían ideas nuevas, otras imágenes.
De lo que estoy seguro, es de que mientras escribía esto, en las cercanías no murió nadie.

Creo.

Pablo.





domingo, 23 de marzo de 2014

24 de marzo

El cuervo, dice Poe, repetía una y otra vez Nunca Más. El poema lo conocen todos; una y otra vez, nevermore. Nuestro una y otra vez parece una vez cada año. Pero sólo lo parece, porque en Argentina podemos decir Nunca Más el 24 de marzo, y el 31 de enero, el 18 de setiembre, el 20 de diciembre, el 4 de abril, el 20 de octubre, el 16 de noviembre, el 9 de setiembre, el 26 de febrero, el 16 de noviembre. 



Hoy, otra vez, alguien muere dos veces.
Una
matado como quien escupe a un costado del camino
una palabra de más o
una palabra de menos
chasquido entre los dientes
que repica cuando toca el suelo
chasquido
de la lengua que junta saliva
de una boca que es un pozo oscuro sin bordes
una
como quien dice ya que estamos acá,
qué otra cosa se puede hacer
si para esto vinimos
una,
la primera,
que hace un muerto
la otra
tan muerto que está
qué se le va a hacer, todos miran hacia mañana
menos el muerto, que es molesto
que no mira más que el presente
y ni siquiera, si la verdad es que a penas ve
la otra
todo está donde debe estar
¿dónde? ¿cómo? ¿cuándo? ¿quién?
no está, de ninguna forma, nunca y por nadie desaparecido,
y esa lógica no convence ni a las nubes bobas mansas
que acostumbran vestir la forma que les dicen que deben tener
pero igual, se miran de reojo entre sí y no se convencen
porque desde allá arriba sí que se ve
y ellas no vieron nada
porque la vista no les alcanza hasta las cuevas.

Hoy, otra vez, alguien muere dos veces,
La primera,
que hace un muerto
la segunda,
que hace una duda

y a esas no las mata nadie ¡qué contradicción!
ni el plomo ni la tela de algodón
ni el agua ni el fuego
ni la oscuridad ni la luz eléctrica
ni los gritos ni el silencio
no muere

la duda mata,
despacio,
todos los días

 un poco más

pero no muere
porque es duda, puntos suspensivos
paréntesis que abre y no cierra
(tal vez este suelo que piso, tal vez a esta hora, tal vez en este lugar, tal vez esta persona, tal vez después de esto, tal vez antes de aquello, tal vez porque no, tal vez porque sí, tal vez si no hubiera, tal vez mañana, tal vez si, tal vez con esta canción, tal vez este nombre, tal vez golpeando esta puerta, tal vez preguntando por acá, tal vez junto a las vías, tal vez él, tal vez ellos, tal vez este campo, tal vez esta bala, tal vez si no hubiera estado, tal vez esta llamada, 
y hasta el infinito de dolor
y hasta el infinito de preguntar
de buscar saber
de remover aun cuando moleste

porque no hay respuestas
para el muerto que vuelven a matar

hoy, otra vez

Pablo Minini, 23 de marzo 2014

sábado, 22 de marzo de 2014

Al tiempo

Cada tanto, algunos días se hacen más presentes que otros. Se hinchan de sucesos, de acontecimientos, de imágenes que parecía que no se iban a volver a repetir y sin embargo, acá están de vuelta. De gente que no pensábamos volver a ver y aparece por la ventana saludando con la mano en alto. Y se me da por pensar en el tiempo, no en el grande en el que piensan los que saben pensar con método. En el otro, cotidiano y pedestre, que todos vemos pasar; en ese tiempo que no se mide por relojes ni por segmentos mensurables. ¿Lo han vivido? Un diente nuevo que le sale a un bebé; la foto de alguien que usa una campera igualita a la que teníamos nosotros y que ahora nos parece de dos décadas atrás; la plaza de un pueblo que alguna vez visitamos y que hoy vemos llena de gente; un recorte de diario que encontramos en el fondo de un cajón y que no sabemos por qué conservamos. Ése tiempo. 


Miles de banderas
blancas, rojas, azules
verdes y amarillas
en las calles
cuelgan de las ventanas
y de los semáforos
flamean
y despiden al tiempo
que se va

discursos y papel picado
bandas de música
y un desfile
que atraviesa la ciudad
de oeste a este
para anunciar que el tiempo
se prepara para cruzar el río
y ya no volver jamás

coros de niños
y de ancianos
cantan al tiempo
y él, saluda con la mano
subido al barco
y dice
“adiós
ya no vuelvo
adiós”

mujeres voluptuosas
agitan sus pañuelos
y hombres de ceño fruncido
asienten resignados
con el sol de media tarde
que ilumina sus espaldas

el capitán del barco
orgulloso
conduce al tiempo
al otro lado del río
y le pide una foto,
de recuerdo,
del tiempo ido

y cuando el barco zarpa
los gobernantes y los edecanes
anuncian que ya no hay tiempo
que se terminó lo que se daba
y ya no se dará más
aunque lloren los relojeros
ya no hay vuelta atrás
que desde ahora no hay tiempo
y ya no hay ahora
y tampoco ya que valga

todos presentes

las banderas siguen flameando
los niños y los ancianos
cantando
las mujeres agitando
y los hombres asintiendo
el sol iluminando
y los gobernantes y los edecanes
anunciando
y los relojeros llorando

para siempre


todos presentes

Pablo Minini (digamos que en marzo de 2014)

miércoles, 19 de marzo de 2014

El Viejo que elige




Todos los hombres eligen el camino que recorren.

Es el título de una canción de Archie Roach, que muchos conocerán por
ser banda de sonido de la película El Rastro.
Y si ampliamos el título a todo género, suena aún más a declaración de
principios:
Todos los hombres y todas las
mujeres eligen el camino que recorren
.
Si uno lo dice en voz alta –hay que hacer la prueba– suena a verdad. Intenté
varias entonaciones y el resultado era el mismo siempre: una verdad que no
admite matices, una verdad que abarca a todos los que se refiere (hombres y
mujeres), una verdad de peso, una verdad que además suena bien.
¿Por qué me encontré con esta canción justo ahora? Como no creo en las
casualidades, me pongo a pensar un rato y me doy cuenta de que esa frase podría
haber sido el tema de muchas conversaciones que mantuve en el último tiempo.
Con distintas personas, que para mayor misterio, no se conocen entre sí.
¿Hipótesis? Que esa idea está en el aire, al menos entre la gente con
la que me muevo. Que las elecciones, los caminos, los hombres y las mujeres,
andan rondando el aire y las cabezas de las personas que dicen todos elegimos el camino que recorremos
y lo repiten.
No seré el único que ha escuchado esa frase. ¿Qué significa? Tal vez,
una afirmación de la personalidad, de la historia propia y de las decisiones en
la vida. El todos quizá significa yo: yo
elijo el camino que recorro
. Mucho ha dicho el cristianismo (el libre
albedrío y demás, que por otro lado justifica las penas y los castigos, incomprensibles
de otra forma).
Y de pronto, como me atrapan siempre las imágenes, me vino a la memoria
el Viejo de los Papelitos. Yo lo
llamaba así, era viejo (muy muy viejo, para mis ocho años) y vivía en la estación
de trenes de mi pueblo.  Y lo recordé
como lo vi siempre: sentado en las veredas, con la espalda apoyada en la pared
de una casa o un negocio; sin importarle nada de nadie, sólo concentrado en los
montones de papeles que juntaba a su alrededor. ¿Para qué? Para cortarlos con
las manos en pequeños trocitos. Papeles de diarios, papeles de regalos viejos,
papeles de volantes de la vía pública, todo papel era útil si se podía cortar
con las manos.
Verlo por la mañana era saber que todo estaba en su lugar: la calle, la
estación, el Viejo de los Papelitos, todo en orden. Pero sólo por las mañanas.
Jamás lo vi después de las seis de la tarde. Nunca hablaba con nadie.
El Viejo era la muestra viviente de que la frase, tan cerrada y
absoluta y verdadera, tenía ribetes. Como si él dijera Bueno, todos elegimos el camino que recorremos, pero yo elijo no
recorrer ningún camino
.
Y nosotros, que íbamos y veníamos, que estábamos caminando o corriendo
o de rodillas hacia los horarios, los trabajos, las escuelas, las citas,
pasábamos por la estación y ahí estaba el Viejo, que no por viejo era menos
intemporal, cortando papelitos. Creo que hubiera cortado un billete de un
millón si lo hubiera tenido a mano, porque a él le valían más los trocitos de
papel que el papel entero, aún que el papel de banco.
Y ahora que lo pienso, ya que rompía con toda tranquilidad los diarios,
¿no hubiera destrozado también las páginas de un libro, papeles al fin y al
cabo? Una lástima para mí, pero sí, lo hubiera hecho.
Un día el Viejo de los Papelitos desapareció. No supe, creo que nadie
supo, hacia dónde encaró el rumbo, ni si fue él mismo el que decidió arrancar a
caminar o si fueron las circunstancias. Nunca crucé una palabra con él, lo
repito, pero fue la primera persona que me enseñó con su sola presencia que el
tiempo era relativo, que el tiempo de unos no era el tiempo de todos, Y que
caminos había muchos, aunque sólo fueran largos como un pedacito de papel.


Habrá seguido el destino que nos espera a todos, es lo más lógico. Pero
prefiero pensar que en él se hizo una excepción, que se convirtió en una idea,
o la imagen de una idea, y que anda por ahí, dando vueltas quién sabe por qué
cabezas que todavía lo recuerdan.
Entonces, esta entrada comenzó con Archie Roach y me dejé ir y hasta él llegamos

Imagen Enviada

lunes, 17 de marzo de 2014

Podés decirlo

Hoy tengo ganas de compartir una voz que es mía y a la vez, no. Porque me habita y la habito.  Digamos, que si esta voz estuviera acompañada de un nombre, bien podría ser Camila. Y siendo Camila, dice cosas a tono con las que se están armando acá y que a ella le salen como una especie de grito. Porque a Camila un hombre le dice algo que le pega en la cara, como si fuera una cachetada, pero que le duele hasta el hueso. Es largo, pero tiene la extensión de un grito; dura todo lo que dura el aire en sus pulmones


Podés decirlo.
Creo que sí. Que podés decirlo y pensarlo.
¿Qué importa si yo lo comparto o si no? Es tu forma de pensar.
Me hacés dudar, aunque casi te diría que no. Pero sólo si me preguntás.
Y yo no te creo, no creo que lo digas en serio, ¿por qué? porque no es pensando en mí que lo decís, porque no es verdad, no podés creer que sea verdad, no, no es fácil ser mujer, ¿por qué tendría que serlo? ¿por qué tendría que ser fácil o difícil ser mujer o ser hombre? porque lo decís mirándome y no a los ojos, porque lo querés hacer sonar fácil, pero no, porque si es así, decime vos cómo es, porque yo no tengo idea, y si es más fácil o mejor, no me di cuenta, o no todo el tiempo, a veces es fácil y a veces no, a veces ni te das cuenta de que sos mujer, ni me doy cuenta de que soy mujer, y otras veces sí, no puedo no pensar que soy mujer, y otras veces no sé lo que soy, como ahora que me mirás con cara de saber algo que yo no sé y como si fueras a explicármelo, por favor, a ver, explicame, pero no con esa cara de tipo que mira un mueble, o a un extranjero, esa cara de avivado superado, y por favor no me mires las tetas ni el culo cuando lo decís, como si me fueras a alquilar, como si vieras un cartel o un grabado a fuego en mi frente, porque entonces no sé si es más fácil ser mujer, porque entonces creo que es muy difícil ser mujer, es muy difícil ser mujer si mirás con esos ojos, y si me hablás como si sólo tuviera que escucharte, porque así me siento nada, ni mujer ni nada, una nada frente a vos, una circunstancia para que hables, para que digas lo que sabés y que yo tengo que escuchar como si no pudiera hacer otra cosa, como si ser mujer fuera sólo escucharte a vos y a cualquiera que dice que es hombre hablar sobre las mujeres y asentir, sí, asentir, vaivén de cabeza, cabeceo ambiguo, como si todo lo que hiciera para vos fuera un signo, un aceptar o un renegar, un sí o un no, y si es un no, agarrate, ¿sabés qué? a veces no es ni un sí ni un no, a veces es una pregunta, y ni siquiera, algo que no me puedo formular, algo que no tiene nombre ni palabras para ser dicho, algo que vas más allá de mí y que no puedo formular, ¿qué es ser mujer? ¿qué quiera acostarme con un tipo? ¿acostarme con vos? ¿y si no quiero? ni hoy ni nunca, ¿y si no busco que me protejan ni que me cuiden ni que me entiendan? ¿ni que me entiendas? porque no quiero lo mismo todo el tiempo, ¿o vos querés lo mismo todo el tiempo? yo no, y si vos querés lo mismo todo el tiempo, ojalá yo pudiera ser vos, porque yo no sé qué es lo que quiero, no sé hacia dónde tengo que salir corriendo, fijate vos, ya salió el correr, pero sí, salir corriendo, porque tengo que salir corriendo, siento eso, y vos debés sentir lo mismo, y no sos mujer, y si no lo sentís qué suerte la tuya, pero yo no la comparto, yo siento que tengo que correr todo el tiempo, y no sé si soy mujer o si soy hombre antes de dar el paso, siento que tengo que correr y dejarme correr, y correr corren los hombres y las mujeres, una mujer corre y un hombre corre, es lo mismo, ¿ves?, y no, y no es lo mismo, pero ahí estás vos diciendo que es más fácil ser mujer, con esa mirada de vaca, sí, vaca, porque el toro no mira, arremete, y si duda no te das cuenta, así que andá a contarle a otra persona si es más fácil ser mujer, o preguntátelo vos mismo, mirate al espejo un rato y decítelo vos, hasta que te lo creas, hasta que te lo metas bien en la cabeza, grabátelo, bien adentro, así no se te olvida, ¿y por qué tengo que decirte todo esto? ¿por qué tengo que perder mi tiempo en responderte a vos, que sólo estás esperando que me de vuelta para verme tranquilo, sin mi voz ni mis ojos que te miran directo a la cara, para poder hablarle a tus amigos y decirles esas estupideces que vos les decís cuando las mujeres te dejan de mirar a los ojos, porque ésa es la verdad, te dan miedo mis ojos, porque te hacen acordar a quién sabe quién, te dan miedo y no querés, por eso decís lo que decís, por eso decís que es más fácil ser mujer, porque pensás que siendo mujer podés dar miedo y no sentirlo, pero no es así, te desengaño, porque yo también siento miedo, y algo en el pecho que me dice que todo va a terminar siempre mal cuando me mirás y me hablás, como si supieras algo que yo no sé, pero no es miedo, no, es aburrimiento, miedo al aburrimiento, a que me maten de aburrimiento, vos y todos los que saben, los que saben y dicen en voz alta lo que saben aunque nadie se los haya preguntado, pero el temor no me dura todo el tiempo, nada dura todo el tiempo, a menos que seas un cretino arrogante, nada dura todo el tiempo, ni ser mujer, ni ser hombre, ni ser nada, ni tener un cuerpo dura todo el tiempo, porque a veces tengo un cuerpo que hace ruido en todo momento, y que me duele por todas partes, sí, por todas partes, y a veces no, a veces no me duele nada, y está en silencio, tan en silencio que tengo que largarme a correr, otra vez correr, sí, correr para no olvidarme de que estoy viva, y no por miedo, correr para saber que el cuerpo está y no se me oxida, que no es un montón de grasa y carne y piel y uñas que se me oxidan, se me empastan, y entonces me largo, porque a veces sí lo siento, y bien que lo siento, pero eso a vos no te importa, lo único que te interesa es que te mire y te reconozca a vos como lo que querés que te digan que sos, y que te tranquilice y te diga que todo va a estar bien y que no tenés que tener miedo, y que sobre todo no te mire mal, que no te mire mal ni demasiado, porque los ojos y las miradas son tu patrimonio, pero cuidado si yo miro mucho, que no me la crea, que hay quien mira y quien se deja mirar, y el que mira no se deja mirar, eso ya tendría que saberlo, bueno, no lo sé, no me lo enseñaron, y si me lo enseñaron, no lo acepto, porque no quiero ser lo que se mira todo el tiempo, ahora quiero ser yo la que mira, ¡bailá para mí! ¡hace tu gracia para mí! para mí sola, que voy a estar mirando hasta que me aburra y hasta que los ojos hayan comido lo suficiente, sí, a vos te voy a comer con los ojos, a vos y a todo lo que tenga ganas de comer, ¿o no puedo tener hambre yo? ¿o no puedo irme por los ojos? ¿o por que a vos te molesta y te duele que te mire así como miro yo tengo que guardarme los ojos en mi mesita de luz, al lado de las flores secas que seguro creés que tengo guardadas, junto a las cartas de mis novios que me sedujeron y me abandonaron?, pero no, no tengo ni flores ni cartas ni novios que me hayan abandonado, y tampoco abandoné a ninguno, se fueron o me fui, y así es siempre, nadie abandona, se va y listo, ¿por qué la manía de andar buscando culpables? Y miro como miro, como me sale mirar, y digo lo que sale. Pero si lo pensara mejor quizá no lo diría, porque no conviene.
Porque sería como andar con el corazón en la mano.
Y eso no es lo mejor que se puede hacer.
Frente a un tipo como vos.
Sí.
Como vos. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Lo que se escribe en las paredes

Hoy recordé que hace tiempo escribí algo que salió en verso (casi todo) y de inmediato recordé el día que lo inspiró y lo que pasó ese día: 8 de abril de 2003, frente a las puertas de una fábrica tomada, Brukman. Fue acontecimiento para mí y, lo que es más importante, para muchas otras personas, porque esa fecha fuimos, al menos por un tiempo, una comunidad, un grupo. Quizás hermanados por la violencia de esa tarde, quizás unidos por la esperanza de lo que podía pasar después y por las horas que siguieron. ¿Por qué hoy vino ese texto y esa memoria atrás? No puedo decirlo. Tal vez en algún momento se haga la relación, o tal vez alguien la haga por mí. Sí es así, que me avise. 


camino. Otra vez el cielo sobre mí. Buscando la pared más grande y más blanca que haya en la ciudad. Porque ya encontré una, pero es la pared de la cárcel. En esa no voy a escribirte. Y cuando la encuentre, te voy a decir

ahora que me das la espalda aunque no te lo pido y apoyo mi mejilla en tu piel que está caliente y mojada
ahora que el cielo es todo lo que nos mira y que desde todos los años nos estaba esperando este día y tu espalda y mi cara contra ella
ahora sólo existe ahora
ahora nos separamos
pero antes veo tus ojos y me ves
el humo se vuelve niebla
y trato de alcanzarte y te arrastran
y me arrastran
manos me toman de los hombros y de los brazos
y me las saco de encima
sólo veo tus ojos en la niebla hasta que se pierden
y te sigo hasta donde creo que estás
todo es niebla
pasan corriendo gente y no gente
que grita y llora y pega e insulta
y más niebla que hace arder los ojos y la garganta
todo es la calle porque no se ven más los edificios
ni los cordones de la vereda
y se me ocurre que quiero cubrirte los ojos para que no ardan
y es gris el suelo y todo alrededor
el humo me llena los ojos
pero si lloro no es por el humo
sino porque no te encuentro
te llamo a los gritos
pero no sé tu nombre
y sé que no es el momento de buscarte
pero qué otra cosa puedo hacer
y camino y siento los golpes en la espalda
y corro y creo que corro en círculos
me libero de bastones y manos como se espantan las moscas
pero de una mano no me libero
volver a encontrarte es reencontrarte porque te conozco desde siempre y desde siempre sos unos versos que sólo una vez leí
noches sin fin y mañanas de dulce alegría
tus ojos me miran y la niebla se disipa entre nosotros
deberíamos correr pero no podemos
me gustaría sacarte de la calle y llevarte lejos
pero vos sabés,
todos los lugares son el mismo en la niebla
entonces no corremos
y ya aparecen manos y bastones
y sé que sólo puedo hacer una cosa
como puedo acerco mi boca y te quiero decir
te digo noches sin fin
y nos alejan pero nos acercamos una vez más
y me decís dulce alegría
los dos recordamos mal los mismos versos viejos y pueriles
pero son los mismos y son nuestros entonces
tu mano se va y se van tus ojos y tu espalda
me voy
todo es niebla otra vez
ahora estoy solo entre tanto no ver nada
me arrastran sé muy bien  que me arrastran lejos de vos
que hacia donde me llevan vos no estás
o no quiero que estés
ahora que sólo puedo no ver colores
ni mis pies veo, así en el aire me llevan
grito que sólo quiero volver a verte
nadie me responde
o me responden, pero no sos vos
entonces como si nada
antes de que me encierren se abre el cielo y puedo ver el sol
habrá preguntas y cielo de grises. Pero eso era el futuro
ahora, sé que tuve y que perdí
que sólo tengo tus ojos y tu espalda y a vos que te llevan
hasta que te encuentre, sólo vivo el presente
ahora busco una pared donde escribirte, sólo a vos
porque sólo los que están buscando a alguien leen lo que está escrito en las paredes blancas
ahora que el sol está bien alto y no nos están reservadas las noches sin fin ni las mañanas de dulce alegría. Ahora busco una pared donde escribirte, sólo a vos.

Porque ya nadie lee lo que está escrito en las paredes

lunes, 10 de marzo de 2014

Fantasía

Dicen que cuando uno come algo pesado y se va a dormir de inmediato, sueña con caídas, con pesadez, con obstáculos. Si uno escucha jazz antes de dormir pasa lo mismo: sueña con armas de fuego, con robos y con ciudades trilladas de otros países.

No es lo que hacés


—What da fuck? –dijo Gene cuando encendió la radio. Miró el dial para comprobar si no se trataba de un error. Pero no. Era la primera sorpresa.
La estación era la radio de Londres, pero lo que estaba escuchando era la orquesta de Jimmy Lunceford.
Nunca había escuchado buena música en radio Londres. Siempre había música de blancos. Pero lo que estaban emitiendo en ese momento hacía muchos años que no lo oía. Quizá fuera alguna introducción que usaban los blancos para esa música nueva, que tomaban el impulso del blues o del jazz, para luego virar a las cadencias anodinas que no iban hacia ningún lado ni le hablaban a nadie.
Pero la voz de Trummy Young le confirmó que lo que estaba escuchando era lo que le había parecido desde un comienzo.
T´ain´t what´cha do, it´s the way how´cha do it.
—Damn me, they´re learnin´, laud –y se sintió feliz de que por fin hubiera algo de justicia en el mundo y los ingleses reconocieran lo que era la verdadera música.
Durante los casi tres minutos que Lunceford y Sy Oliver manejaban las trompetas, los trombones, los saxos, el piano de Wilcox, la guitarra de Norris y el bajo de Allen, los clarinetes y la batería de Crawford, Gene no dejó en ningún momento de marcar el tempo con los dedos índice, como si fuera él mismo quien dirigiera a todos esos que el había admirado cuando era niño.
—T´ain´t what cha do. Tell them, Willie, tell them what´s just fine! –dijo cuando Willie Smith atacaba con el solo de saxo–. No, it don´t mean a thing. It´s the time and the place!
Mientras cantaba recorría la habitación, para cerciorarse de que no estaba olvidando nada. Ya había guardado el dinero en el bolso y había quemado los documentos. Del primer cajón de la mesa de luz sacó el revólver y se lo colgó del cinturón. Clyde tenía que llegar en cualquier momento. En una hora iban a estar fuera de la ciudad y Evans no iba a poder encontrarlos jamás.
Sonrió con el solo de Jimmy Crawford que anunciaba la última vuelta antes del final.
—Good old fuckin´ times. Evans, go fuck yourself! –gritó cuando la radio quedó en silencio. Se sentía feliz y con toda la confianza del mundo. Ya era casi la hora en que habían convenido con Clyde para encontrarse frente al edificio. Así que fue hasta el aparato dispuesto a apagarlo. Pero la segunda sorpresa del día lo detuvo.
Después del piano de Duke, atacó la trompeta de Armstrong. Y de nuevo el Duke. Barney Bigard saltaba de repente con su clarinete y le daba paso a Armstrong, que se comía la escena.
Gene se quedó congelado frente al aparato, mirándolo sin comprender. Parecía que los ingleses no sólo habían aprendido lo que era la buena música, sino que habían decidido volverse negros.
Black and tan fantasy continuó desgarrándose en el aire. Y aunque con seguridad Clyde ya estaría esperándolo en la entrada del edificio, mirando nervioso por el espejo retrovisor del auto, Gene no podía evitar que su cabeza marcara el ritmo sencillo que Danny Barcelona creaba con la batería.
Pero no era Danny el que tenía atrapado a Gene. Era el bajo de Mort Herbert. Gene pensaba que aunque no se supiera nada de música o estuviera sordo de ambos oídos, era imposible perderse cuando Morty hacía lo suyo con el bajo. Recordó aquella vez en que lo vio salir del cine de la calle Elm. Mort Herbert ya era viejo, pero uno sólo tenía que mirar con un poco de atención sus manos para darse cuenta de que de ahí sólo podían salir cosas bellas. Y sólidas. Como esa tremenda pared de sonido que estaba construyendo y sosteniendo casi él solo para Sachtmo, para Duke y para Young.
Uno podía cerrar los ojos y perderse, como hizo Gene. Dejarse llevar de un lado a otro envuelto en las notas, olvidándose de las horas y los minutos, sólo siguiendo el ritmo y la cadencia.
“Men! Young again!”, pensó de pronto. Trummy Young volvía a aparecer. Pero ahora no cantaba, se limitaba al trombón. Con toda la precisión y la fuerza que sólo Trummy podía demostrar. Sin pisar a Armstrong, dejándolo hacer lo suyo. El único momento en que se lo escuchaba con más nitidez era al final, cuando toda la banda tocaba la marcha fúnebre.
De repente, Gene volvió en sí.
—Fuck me! –dijo abriendo los ojos. Fantasía en negro y canela terminaba con la marcha fúnebre. Y después de la marcha fúnebre, sólo hubo estática en la radio. Durante un segundo contuvo la respiración y dudó si llevar la mano hacia el aparato y apagarlo o llevar la mano hacia su cinturón y tomar el revólver.
Aún dudaba cuando la puerta se abrió y Evans apareció con dos hombres a sus espaldas. La tercera sorpresa del día fueron dos disparos.

Y luego todo se oscureció para Gene.